martes, 16 de julio de 2013

Carlos Espinosa de los Monteros “El Rey de los Valses Mexicanos”


Mundo Psique Psicología y Cultura, año 6, No. 20, junio-julio-agosto 2013
www.mundopsique.com.mx





Carlos Espinosa de los Monteros
“El rey de los valses mexicanos”

Por Ricardo Delgado Herbert



En los años 20, mostró su pasión y talento en los reñidos concursos de su época. Ovacionado por el público al competir con compositores de la talla de Agustín Lara, Alfonso Esparza Oteo y Jorge del Moral. La prensa de su época lo catalogó como “El Rey del Vals”. Hizo debutar a Pedro Vargas y su obra fue grabada por varios cantantes mexicanos y grupos internacionales,  como Pedro Vargas, Hugo Avendaño, Javier Solís, Salvador Quiroz, Olga Puig, Mariachi Vargas de Tecalitlán, Cristina Ortega, el ensamble ruso Piatnisky, el Cuarteto Latinoamericano y muchos más.


A continuación, la entrevista inédita, con su hijo Víctor Manuel Espinosa de los Monteros Rocha. 

1.- ¿Quién fue Carlos Espinosa de los Monteros?

Mi padre nació en la ciudad de Puebla el 8 de mayo de 1902, fue el séptimo de ocho hermanos, siete hombres y una mujer.  Murió en la Ciudad de México el 7 de febrero de 1977, después de haber cumplido, en el diciembre anterior, 51 años de casado con mi madre, Elena Rocha Carrasco, quién fue alumna de piano de mi padre.

Desde los primeros años de su vida, mostró mucho gusto y afición por la música. Estudió con su abuelo, Don Rafael Espinosa de los Monteros, quien fue profesor de música y maestro de capilla (por los años 1906-1907) y le enseñó las primeras lecciones de solfeo y música. De ahí, empezó a hacer algunas cancioncillas (así le llamaba) que dedicaba a su familia y a las personas que les ayudaban en la casa.

Entre 1909 y 1910 se trasladaron a la ciudad de México. Eran épocas muy difíciles; ya que vivían en el centro de la ciudad. Le toco vivir en medio de balazos, la Decena Trágica y las carencias y angustias que se vivían en esa época de la revolución.

Por 1918-1919 estudió en el Conservatorio Nacional de Música, con maestros como Manuel Bermejo y Joaquín Beristáin, sin embargo, las carencias y situaciones económicas, llevaron a mi padre a trabajar en los Ferrocarriles Nacionales de México. Continuó con clases particulares, bajo la dirección del maestro Rafael J. Tello, quien le enseñó composición, armonía, contrapunto y fuga. Mi padre, llegó a apreciar mucho a Rafael, a tal grado que fue su padrino de boda el 26 de diciembre de 1925.


2.- ¿Cuáles fueron los primeros concursos en los que destacó como compositor y en qué años su nombre empezó a conocerse?

En agosto de 1921 el teatro Eslava publicaba una obra llamada “El príncipe charro” en donde la música de mi padre era el alma de tal obra.

En 1928 en el concurso de vals mexicano, mi padre obtuvo un premio con su vals Añorando. En ese mismo año nace el vals Noche Azul, que fue objeto de algunos premios y múltiples grabaciones por los cantantes de la época, al igual que en el mundo entero. Ambas letras de los valses, fueron compuestas por su hermano José Salvador Espinosa de los Monteros. También otros miembros de la familia, colaboraron con las letras de otros valses, entre ellos, sus hermanos el Ing. Armando, Luis y mi madre.

El premio culminante, fue celebrado el 20 de septiembre de 1930 por la compañía Pathé Pictures de Estados Unidos y el diario La Prensa de esos años,  con objeto de darle publicidad a una artista muy famosa de cine de Estados Unidos, llamada Ann Harding. Se inscribieron compositores reconocidos cómo Agustín Lara, Alfonso Esparza Oteo, Jorge del Moral, Fernando Vázquez Vargas.

Entre las reglas del concurso, estaba prohibido hablar, pues hacerlo influiría en el aplausómetro. Cada uno de los compositores junto a sus cantantes tenía que pasar a interpretar 3 veces su obra y dependiendo del juicio del aplausómetro  en el total de rondas, se definía el triunfo. Al final de la primera ronda, los aplausos para Espinosa de los Monteros se prolongaron de tal manera, que uno de los cantantes, Juan Arvizu, se quejó, inventando que Espinosa de los Monteros había llevado la porra de sus compañeros de ferrocarriles para ganar. El jurado lo escuchó y fue descalificado.

Mi padre fue de los últimos en inscribirse al concurso y ya para entonces los compositores de renombre se habían comprometido con sus cantantes. Mi padre daba clases en el Conservatorio Nacional de Música y le gustaba el timbre de voz de un alumno de solfeo que tenía, así que le ofreció interpretar, uno más de sus valses, Ann Harding, el cual llevaba la letra de su hermano José. Este joven debutante, se llamaba Pedro Vargas y fue junto con él, que el vals de mi padre salió triunfador ante las ovaciones de este concurso en el Cinema Imperial.

El vals Ann Harding, tuvo muy  buena difusión a nivel internacional, pero no formó parte de la película. A pesar de las promesas, divulgaciones publicitarias y periodísticas, anunciando que Ann Harding  iba a venir, esto jamás sucedió. Ann, le mandó a mi padre una fotografía dedicada y una carta de agradecimiento por su vals triunfador, pero nunca se conocieron personalmente.

Agustín Lara, en ese concurso, conoció a Pedro Vargas y de ahí, se volvió en uno de sus grandes intérpretes.

Alrededor de los años sesenta, mi padre le pidió a Pedro Vargas grabar su vals Ann Harding,  negándose éste a menos de que le cambiara el título original del vals, petición a la que mi padre no accedió.

3.- Dígame algunos títulos de sus composiciones

Mi única ilusión, Al fin, Eterno sufrir, Sendero de amor, Noche azul, Llorare, Mientes corazón, Ann Harding, Fuiste mía (canción), Su único beso, Clarita mía, Martha Victoria, A ver si pega, La Marchita, Áurea, Sutil, Voluble Corazón, Luz María, Elena,  Una estrella viajera, Miss Kate, Añorando, Juventud, Mariposa (fox-trot), Ideal y Pasión, Dulce amor (canción), Opalino (fox lento), Una ilusión, Una caricia, Victoria Elena, Es por ti, Yolanda, Tus ojos, 1923, Bernabé, Una monedita de 20 centavos, Su único beso, María Antonieta, Una caricia más. Hay una que se llama Tus ojos, un danzón que le dedicó mi padre a la tiple María Conesa aproximadamente por 1922, desde luego antes de ser novio formal y oficial de mi madre y antes de casarse con ella (risas).

4.- ¿Porqué componer valses?

El vals fue algo que inspiro a mi padre, yo creo que por su carácter bohemio, sentimental y creo que le llenaba el corazón. Él, nos platicaba, que cada vez que obtenía una composición,  se sentía como una mujer que acababa de dar a luz. El Foxtrot era, para cuando estaba demasiado alborotado y contento. El danzón que le dedicó a María Conesa, a lo mejor llevaba alguna intención ulterior (risas).

5.- Cuéntenos de Noche Azul en voz de rusos en Bellas Artes y el Auditorio Nacional

En 1959, vino a México Piatnisky,  un conjunto de músicos rusos, conformado por 180 o 200 elementos entre músicos, bailarines y coros. Antes de visitar cada país escogían música, alguna canción, o producción musical original del país que visitaban. Ellos escogieron el vals Noche Azul de mi padre.  

Piatnisky, empezó a presentarse en Bellas Artes y por la cantidad de gente que acudía a verlos, se trasladó al Auditorio Nacional, que tenía un cupo más amplio. Nos llegó la información, por muy distintos medios y porque empezó a correrse el rumor de que el vals Noche Azul estaba siendo tocado por los rusos. Alguien cercano a la familia, entabló contacto, y así, mi padre recibió una invitación formal del embajador ruso para acompañarlo en una de las presentaciones en el palco de honor del Auditorio Nacional.

En el colofón de esa noche, después de la presentación, invitaron a mi padre a cenar en la embajada soviética, junto con todo el conjunto, el embajador y el cuerpo diplomático; ahí tuvo que cenar y brindar al tradicional estilo ruso, de tomarse su copa de vodka y aventar la copa hacia atrás. Fue la primera y única vez de la cual tengo conciencia, que mi padre llegó a casa después de las 2:30 o 3 de la mañana, ya que no se desvelaba, pues le hacía mucho daño. Probablemente eso le motivó a nunca vivir de lleno de la música.

6.- ¿De qué vivía Carlos Espinosa de los Monteros?

Para mi padre la música simplemente era una satisfacción, un complemento de la vida, un orgullo, un gusto y pasión, pero nunca fue un medio de vida. Mi padre vivía de su trabajo en Ferrocarriles Nacionales de México. En el año de 1953 se jubiló, después de 27 años de servicio. Fue oficial mayor del departamento de servicios especiales, que traducido al lenguaje común, era la policía de los ferrocarriles.

7.- ¿Cuáles fueron las consecuencias de la muerte de su padre?

Falleció de un paro respiratorio cuando le practicaban una operación, fue una pérdida muy sentida. Mi padre murió con satisfacciones y gustos, entre ellos, el haber recibido en vida liquidaciones de la Sociedad de Autores y Compositores de Derechos de Autor por su música, sobre todo por su vals Noche Azul, vendido en todo el mundo, eso era un orgullo incalculable para mi padre, no era el monto, era el hecho de que su música se difundiera en cualquier parte del mundo.

8.- ¿Qué relación hubo con la disquera Peerless?

Mi padre fue invitado por esta casa disquera, a grabar “Los valses de oro de Carlos Espinosa de los Monteros”, entre 1965 y 1968, acompañado de 2 violines, un chelo y un contrabajo. Hicieron un gran trabajo, sin embargo las ventas del disco no fueron favorables.

9.- ¿El gobierno de Puebla se ha interesado en difundir la obra del compositor?

No, con todo y que en el año 2002, se cumplió el centenario de su nacimiento, no hubo quien hiciera el menor esfuerzo de acercarse para valorar su contribución musical.


10.- ¿Qué se ha hecho para difundir al autor y enarbolar su contribución a nuestra música?

Tenemos una pequeña discografía generada por un trabajo muy rudimentario que llevaron a cabo mis dos hermanas  Victoria Elena y Clara Susana, alrededor de los años 70, que con una grabadora portátil, invitaron a mi padre a que grabara todas y cada una de sus composiciones, de las que hasta esa época había hecho. Tenemos mucho interés en que la música de mi padre se difunda y le de gusto no nada mas a nosotros, sino a todo el mundo, puesto que es música que verdaderamente se disfruta.


11.- ¿Cuál es el legado de Carlos Espinosa de los Monteros para la música mexicana?

Pienso que es un legado de música extraordinariamente romántica, bohemia, de aceptación general, que contiene letras con sentido, con amplios sentimientos, poesía y un orgullo enorme para nosotros como familia.

Agradecimiento a Viridiana López Torres por su apoyo en la entrevista. 

viernes, 10 de mayo de 2013

Lupita Campos y Verónica Murúa: Una labor por el rescate de la música mexicana del siglo XIX y principios del siglo XX

Mundo Psique Psicología y Cultura, año 6, No. 20, marzo-abril-mayo 2013







Lupita Campos y Verónica Murúa
Una labor por  el rescate de la música mexicana
 Del siglo XIX y principios del siglo XX

  Por Ricardo Delgado Herbert

 Hablar de música mexicana es recordar nuestra historia de compositores que con su enseñanza dejaron         un antecedente del posromanticismo mexicano.  Gracias a la discografía de artistas que luchan por   preservar este material  podemos seguir disfrutando de tan magnífica obra dentro de las salas de concierto y hasta el internet. 

Dentro de estas artistas están las sopranos y catedráticas Lupita Campos y Verónica Murúa a quienes entrevisté, ambas pertenecientes al círculo cultural mexicano, de la  Escuela Nacional de Música de la UNAM. Cada una ha demostrado en generaciones distintas, su compromiso por inculcar la pasión y  por difundir la música mexicana del siglo XIX, mostrándonos autores no tan “comunes” que deben de ser escuchados y jamás olvidados.


Lupita Campos, viene de una familia de artistas y el amor por la música lo expresó desde muy niña, ya que en su casa había tertulias que marcarían su vida. Tuvo la fortuna, cuando iniciaba sus clases de piano a los 6 años, de haberse topado con el Mtro. Manuel M. Ponce que,  en 1945 sería director de la Escuela Nacional de Música y donde él mismo, le sonreiría alentándola a seguir adelante en sus clases.


Años más tarde en la etapa adolecente conoce a su compañero y amigo Enrique Jaso quien la animó a cantar y tomar sus primeras clases con el Mtro. Ángel R. Esquivel, iniciando así una carrera dentro de la ópera, que con el paso del tiempo  se especializaría en la dirección de coros, promoviendo su cátedra y legado a sus alumnos,  de música española, canto y de piano Conchita Badía y música mexicana posromántica.



Lupita cantaba y su esposo, el Mtro. Gabriel Saldívar, la acompañaba al piano en los años 60, convirtiéndose así en una mancuerna de  iniciadores para difundir este repertorio mexicano de finales del siglo XIX, principios del siglo XX, que ante la falta de tecnología, no podía difundirse más allá la promoción de dichos eventos. Varias salas de concierto en esa época en  México y el extranjero  atestiguaron dichos actos, montando recitales, donde los arreglos también se hacían para los coros que los dos dirigían desde aquel entonces.



Lupita Campos siempre ha estado en pos de nuestra música. Habla de la falta de compromiso que la burocracia hace de la misma, olvidan  este repertorio musical y por supuesto tambien a los  compositores. Lupita, desde hace muchos años, comenzó a renacer y dar difusión en sus alumnos y compartiendo esos rescates con la gente interesada. Dice que la soprano mexicana Ángela Peralta y Manuel M. Ponce fueron la influencia de su carrera,  porque su abuela admiraba y tocaba al piano la música de Ponce,  muy escuchado durante su infancia y adolescencia.



Cuando estaba de rector el Dr. Ignacio Chávez en la UNAM, decide formar coros en las facultades, estando a cargo el Maestro Don Juan D. Tercero. El objetivo era difundir la música en general aunque siempre cerraban con música mexicana. El coro de la Facultad de Ciencias comenzó a hacer giras desde 1964, viajando a Centroamérica y Sudamérica en compañía del Mtro. Gabriel Saldívar,  quien conformó una gran colección de repertorio antiguo de partituras mexicanas, que la Mtra. Lupita Campos, conserva como un importante acervo.



Realmente no existe una biblioteca en México, con toda esa obra de música mexicana del siglo XIX y principios del XX, dice Campos, ya que falta en la actualidad un nacionalismo  e interés por interpretar nuestra música y sobre todo falta de dinero para invertir en las promociones. “Cuando en los años 60 yo interpretaba lo mexicano, el público se quedaba azorado por la música que no se conocía”. Pero vámonos a la historia, en la época de Don Porfirio Díaz,  había una dinámica de mantener los teatros en conjunto con sus producciones y sí había cómo pagarlo, hasta  que estalló la revolución, donde todo ese esplendor se perdió.

A principios del siglo XIX había mucha influencia europea, compañías de teatro y ópera se establecían por meses en el país, por tal razón lo importante era lo “extranjero” ya que aún no existía una identidad mexicana y el ejemplo era que los mismos extranjeros tenían las puertas abiertas, en cambio para un mexicano como Ernesto Elorduy, Ricardo Castro o Felipe Villanueva, entre otros compositores, era mucho más difícil competir y hacer música en esos teatros, quizás por eso, tenían que irse al extranjero para buscar aceptación.  Lupita comenta que la música mexicana, puede que se haya olvidado, por las políticas negativas y por ser simplemente música vieja o de regímenes que no se deseaban  recordar más; lo que originó la quiebra de la casa editora Wagner y Levien que cobijó muchos títulos de autores mexicanos desconocidos. Por otro lado el cine en sus inicios,  alejó  gente del teatro, dando otra variante al espectáculo. En la actualidad,  el Conservatorio Nacional de Música, guarda con recelo obras pertenecientes a los mexicanos, que no se prestan a nadie. Lamentamos también, casos como el de la familia de Melesio Morales que donó su obra al Conservatorio pero que la misma  institución, hasta la fecha no lo abre al público, y lo mismo está sucediendo con la obra que dejó el Mtro. Manuel M. Ponce.

El interés de Lupita Campos es que, se divulgue tan importante repertorio, y es así como lo expresa en su “Conferencia Para Canto y Piano de Música Mexicana del siglo XIX”, la cual ha dado en diferentes recintos. Para cerrar, comenta: “Es importante que se siga difundiendo y reconociendo a esos autores maravillosos y buenos músicos que teníamos en este país, que ahora ya no existen, ahora son poquísimos y es importante que se siga hablando de ellos para que conozcamos  de dónde venimos y conocer toda esa belleza que nos dejaron con su música”.

Por otro lado, la soprano Verónica Murúa, nace en la ciudad de México, su inclinación hacia las artes, comenzó cantando  en un coro,  practicando ballet y danza regional y tocando la guitarra y el piano.  Su ascenso inició cuando ganó el concurso Francisco Araiza y el tercer lugar en el concurso de ópera Carlo Morelli, viajando becada a Nueva York,  en la Manhattan School of Music,  donde tuvo la fortuna de educarse con la instrucción de connotados maestros. Debutó en el Carneggie Hall de Nueva York cantando arias italianas y debutó en el Palacio de Bellas Artes cantando a lado del tenor Ramón Vargas. Actualmente es catedrática de la Escuela Nacional de Música y es una ferviente difusora de la música mexicana posromántica de finales del siglo XIX principios del XX. Entre sus producciones discográficas,  se encuentra “Posromanticismo mexicano, antología de obras para voz y piano” con 29 piezas de autores mexicanos.  Gracias a esos compositores, Murúa nos expresa con su canto, una huella que el tiempo dejó atrás.

Verónica explica que,  en México de mediados del siglo XIX principios del XX, había pocos foros de concierto, y en la Escuela Nacional de Música, fundada en 1929, había una carencia de conocimiento y difusión de lo que era la música mexicana, ya que el perfil de la Escuela Nacional estaba estructurada dentro de los estilos europeizados de la música italiana, francesa y alemana.

Verónica lo explica, hay  2 vertientes en el siglo XIX,  la música de salón y la ópera o zarzuela mexicana que surge a finales del siglo XIX, con los parámetros de la ópera italiana y la zarzuela española, después la ópera francesa y la ópera alemana con las influencias que traería Ricardo Castro y su grupo de los Seis: Gustavo C. Campa, Juan Hernández Acevedo, Carlos J. Meneses, Ignacio Quesada y Felipe Villanueva. La motivación,  del mestizaje en nuestra música, surge también de la zarzuela y  gracias a esta nace la música de carpa. La música de salón en México, se precisaba muy sencilla a diferencia de la que se hacía en Europa, la complejidad de las canciones en México, eran simples y dentro de esa sencillez se hace la fusión con la romanza italiana y con la habanera dándose así un híbrido interesante, que ante el furor del piano musicalizaban las tertulias desde sus casas.

Verónica comenta que como motivación tuvo a la escuela italiana, que influyó en esos compositores mexicanos de aquel momento y claro ejemplo de eso, fue Melesio Morales y sus contemporáneos, al igual que uno de mis predilectos Gustavo Campa que tuvo una  formación alemana,  admiro sus cromatismos y modulaciones en su obra. Quisiera que la música mexicana de esta época tuviera mucha difusión. Necesitamos abrirlo al público de manera accesible, porque se cree que es música seria o difícil. Debemos dar un plus para que este repertorio sea atractivo en la actualidad, debe de haber una producción a la altura, cuidando la calidad y con una delicada emisión grata al  interpretarlos, para poder ver esta música del siglo XIX  como un verdadero espectáculo. Agrega que hay una crisis seria  de las casas de ópera en todo el mundo, están cerrando, ya no se están llenando  los espectáculos y eso por supuesto que repercute en nuestro país, donde hay una política proteccionista, donde se le da dinero al intérprete  pero no hay difusión con la gente, para que se llenen esos conciertos y formen a los públicos, que es lo que enriquece el espectáculo. Las políticas educativas deben mejorar y pienso que se le tiene que inculcar a la gente ese tipo de eventos, que realmente se conozca la música y se les de esa calidad para asegurar un público que verdaderamente lo disfrute, por ejemplo, hice hace 2 años, conciertos junto a un maestro de la Universidad de Kansas que organizó el Festival Internacional de la Música Española y Latinoamericana, inauguró la mezzosoprano española Teresa Berganza, y el doctor  Genaro Méndez lo organizó y me invitó. Hicimos muchos conciertos en Kansas y el estado aledaño  de Indianápolis, llevaron a grupos de ancianos, estudiantes, papás de alumnos, venían gente de España, México y Estados Unidos, hicimos 7 u 8 conciertos llenos y el público se sorprendió por la dimensión de nuestra música. Desgraciadamente las embajadas ni los consulados  se interesan por promover la música  mexicana; son los cantantes los que  realmente hacen la labor por proponer y ver la manera de negociar para buscar apoyos con los consulados, pero no hay una política definida, lo que se difunde es la música del mariachi o popular típica pero la música de salón y de tertulias como lo es el posromanticismo, casi nadie la conoce y no se hace. Y mientras no se conozca o modifique una legislación ante esto y no se les eduque a los niños en nuestra música no se va a apreciar realmente.

“Los solistas casi no hacen música mexicana, casi todos los solistas que hacen música de concierto están haciendo música europea, en eso tenemos  una carencia y desgraciadamente nuestros representantes, llamémosle internacionales, no conocen, más que "Granada” y "Júrame"... eso sí es una tristeza”

Es importante la comercialización de la música del siglo XIX ya que la única que está presente para la gente es la que la televisión difunde, como la música de mariachi, banda y más cosas, lo cual también es importante, pero no es la única que nos representa como mexicanos. En nosotros queda hacer la labor de que la música del siglo XIX,  se comience a difundir para que se le dé el lugar que merece. Los políticos no son solamente los culpables de la falta de difusión, pienso que todos tenemos que estar involucrados e inculcar este valor desde nuestra educación básica y sembrar una semilla y apoyar y difundir desde las escuelas nuestra cultura ya que con eso aseguraremos la sobrevivencia de este repertorio que es parte del futuro de nuestro arte mexicano.

La Mtra. Murúa, desde hace 5 años ha estado difundiendo junto con el apoyo de varios docentes de la Escuela Nacional de Música, el Encuentro  Universitario de la Canción Mexicana y se están documentando los audios de dichos conciertos, grabando la discografía de todas las épocas de música mexicana. La labor sigue en pie en voz de otros intérpretes, para que, así este repertorio sea documentado y el tiempo no lo borre.

 Esta es parte de la grandiosa  labor de Lupita Campos y Verónica Murúa por preservar nuestra historia y                     por generar consciencia de que esta música nos pertenece para que  los nuevos cantantes valoren y las difundan también en sus conciertos.  

 Contactos:


  Lupita Campos: coroacadunam@yahoo.com.mx
 Verónica Murúa: www.veronicamurua.com


Agradecimiento a Dora Edith Castillo Hernández por su apoyo.